LEWIS MUMFORD_ El reloj, no la máquina de vapor, es la máquina clave de la moderna edad industrial. ¿Por qué dejamos a los locos seguir con su juego sin levantar la voz?

Lewis Mumford (1895- 1990).

“Una época que rinde culto a la máquina y sólo busca los bienes que ofrece la máquina, en cantidades cada vez mayores, en beneficios cada vez en aumento, en realidad ha perdido el contacto con la realidad, y en el momento próximo o la próxima generación puede traducir su negación general de la vida .

En un último gesto salvaje de exterminio nuclear en el contexto de orden orgánico y propósito humano, toda nuestra tecnología todavía tiene potencialmente un gran papel, pero la mayor parte de las riquezas de la técnica moderna permanecerá inutilizable hasta las funciones orgánicas y los propósitos humanos dominen, en lugar del proceso mecánico. “. – Lewis Mumford, 1962

Lewis Mumford

“La primera manifestación del orden nuevo tuvo lugar en el cuadro general del mundo: durante los siete primeros siglos de la existencia de la máquina las categorías de tiempo y espacio experimentaron un cambio extraordinario, y ningún aspecto de la vida quedó sin ser tocado por esta transformación.”

El cambio en la dirección de nuestra civilización ha sido rechazado, y la prueba de que está vencido se encuentra en el aborto involuntario al por mayor de las esperanzasy de los planes humanos que ha tenido lugar durante los últimos cincuenta años: un aborto involuntario que ha causado el siglo del progreso, como las personas llaman cariñosamente el XIX, para dar paso a medio siglo de regresión salvaje

No hace falta que llame la atención a su mente las pruebas demasiado familiar de este hecho: las paradojas evidentes de hambre en medio de la abundancia, el aumento de la impotencia a través de la ampliación del poder, de la brutalidad y la barbarie a través de la devoción a un solo sentido de la verdad, de la amenaza de exterminio del hombre, ya sea lenta e indirectamente, o de manera rápida y abrumadora, como resultado de nuestro compromiso total con la máquina, y de nuestra incapacidad infantil para ejercer el control sobre los inventos de pesadilla que hemos creado. En un escrito de treinta años, marcado por dos guerras mundiales y una serie de revoluciones casi igual de espeluznante, hemos eliminado prematuramente entre cuarenta y cincuenta millones de vidas, en el cálculo más conservador.”

“La ecuación de la vida animal y vegetal también es un problema complicado de resolver para la inteligencia humana , y no podemos saber el ancho del círculo de perturbación que produce en las armonías de la naturaleza cuando lanzamos el más pequeño guijarro en el océano de la vida orgánica “

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La Carretera y la Ciudad

“…el transporte, es un asunto demasiado importante para ser dejado en manos de especialistas.”

“Cuando norteamérica, votó un programa de 26 billones de dólares para carreteras, lo más caritativo que puede pensarse es que no tienen la menor idea de lo que están haciendo. Dentro de los próximos años, será demasiado tarde para corregir todo el daño causado a nuestras ciudades y campiñas, no menos que a la eficiente organización de la industria del transporte, por este programa mal concebido y tan absurdo por lo desequilibrado”

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“Mientras los fondos y los subsidios se vierten sin restricción en mejoras para carreteras, el ferrocarril para largas distancias está languideciendo y hasta se permite que desaparezca.”

De la protección a la destrucción

“…Si bien las prácticas aldeanas, con un sentido de mayor cooperación, mantuvieron su vigencia en el taller y los campos, es precisamente en las nuevas funciones de la ciudad donde el látigo y la cachiporra -llamada cortésmente cetro- se hicieron sentir. Con el tiempo, el cultivador aldeano aprendería muchas mañas y evasivas para resistir la coerción y las exigencias de los representantes del gobierno; hasta su aparente estupidez sería, a menudo, un procedimiento para no oír órdenes que se proponía no cumplir.

Pero los que estaban atrapados en la ciudad, casi lo único que podían hacer era obedecer, tanto si eran abiertamente esclavizados como si eran dominados más sutilmente. Para conservar su respeto por sí mismo, en medio de todas las nuevas imposiciones de las clases dominantes, el súbdito urbano, quien aún no era un ciudadano pleno, identificaría los propios intereses con los de sus amos. Aparte de oponerse con éxito a un conquistador, lo mejor que puede hacer es unirsele y esperar que a uno le toque algo del botín en perspectiva…”

“…Si interpreto correctamente los datos, las formas cooperativas de convivencia urbana fueron minadas y viciadas desde el comienzo por los mitos destructivos y fanáticos que acompañaron, y tal vez en parte causaron, la exorbitante expansión de poderío físico y de destreza tecnológica. La simbiosis urbana positiva fue reiteradamente desplazada por una simbiosis negativa, igualmente compleja.

Tan conscientes eran los gobernantes de la Edad de Bronce de esos desastrozos resultados negativos que a veces contrapesaban sus abundantes fanfarronadas de conquistas y exterminio con alusiones a sus actividades en bien de la paz y la justicia. Por ejemplo, Hammurabi proclamaría orgullosamente: “Puse fin a la guerra; promoví el bienestar del país; hice que las gentes reposaran en moradas amistosas; no permití que nadie las aterrorizara”. Pero, apenas salieron de su boca estas palabras, comenzó de nuevo el ciclo de expansión, explotación y destrucción. En los términos favorables que deseaban dioses y reyes, ninguna ciudad podía lograr su expansión a menos que arruinara y destruyera otras ciudades.”

“Así, la más preciosa invención colectiva de la civilización, la ciudad, a la que sólo precede el lenguaje en la trasmisión de la cultura, se convirtió desde el principio en el receptáculo de destructoras fuerzas internas, orientadas hacia el constante exterminio. Como consecuencia de esa tan arraigada herencia, la supervivencia misma de la civilización o, para ser más exactos, de alguna parte considerable e incólume de la especie humana, está ahora en duda; y durante largo tiempo puede seguir en duda, cualquiera sean los arreglos provisionales que se hagan. Camo ya hace mucho lo destacara sir Patrick Geddes, cada civilización histórica se inicia con un núcleo urbano vivo, la polis, y termina en un cementerio común de polvo y huesos, una Necrópolis o ciudad de los muertos, colmada de ruinas quemadas por el fuego, de edificios aplastados, de talleres vacíos, de montañas de residuos inútiles, con la población masacrada o sometida a esclavitud.”

“… No obstante, una y otra vez las fuerzas positivas de la cooperación y la comunión sentimental han hecho que las gentes volvieran a los solares urbanos devastados, “para reparar las ciudades en ruinas, la desolación de muchas generaciones”. Es irónico -pero también es consuelo- que las ciudades hayan sobrevivido reiteradamente a los imperios militares que, en apariencia, las destruyeron para siempre. Damasco y Bagdad, Jerusalén y Atenas siguen en los mismos solares que inicialmente ocupaban, vivas, aunque poco más que fragmentos de sus antiguos cimientos queden a la vista.”

Los desmanes crónicos de la vida en la ciudad bien podrían haber causado su abandono, hasta podrían haber llevado a una renuncia generalizada de la vida urbana y todos sus dones ambivalentes, de no haber sido por un hecho: el constante reclutamiento de nueva vida, fresca y tosca, procedente de las regiones rurales, vida llena de fuerza muscular elemental, de vitalidad sexual, de celo de procrear, de fe animal.

Estas gentes de campo vuelven a llenar las ciudades con su sangre y, más todavía, con sus esperanzas. Incluso hoy mismo, según el geógrafo francés Max Sorre, las cuatro quintas partes de la población del mundo vive en aldeas, funcionalmente más próximas a su prototipo neolítico que a las metrópolis muy organizadas que han empezado a hacer entrar a la aldea en sus órbitas y, cada vez con más rapidez, a minar su antiguo modo de vida. Pero no bien permitamos que la aldea desaparezca, este antiguo factor de seguridad se desvanecerá. La humanidad todavía tiene que reconocer este peligro y eludirlo.”

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TÉCNICA Y CIVILIZACIÓN

“…A diferencia de los que hasta ahora han ejercido influencia sobre las especies vivientes, no es impuesto por la naturaleza, sino que se trata de un cambio determinado por la ciencia  y la técnica del hombre.

“…La mecanización y la sistematización no son fenómenos nuevos en la historia: lo que es nuevo es el hecho de que esas funciones hayan sido proyectadas e incorporadas en formas organizadas que dominan todos los aspectos de nuestra existencia.”

El autómata es la última fase de un proceso que comenzó con el uso de una u otra parte del cuerpo humano como instrumento. Detrás del desarrollo de los instrumentos y de las máquinas está la tentativa de modificar el medio de una manera que permita fortificar y sostener el organismo humano.”

“…Se hubiera podido llegar al régimen moderno industrial sin carbón, sin hierro y sin vapor, pero resulta difícil imaginar que ello hubiera podido ocurrir sin la ayuda del reloj.”

“…La nueva actitud hacia el tiempo y el espacio infectó el taller, los bancos, el ejército y la ciudad. El ritmo del trabajo se aceleró, las magnitudes aumentaron, conceptualmente, la cultura moderna se lanzó al espacio y se entregó al movimiento. Lo que Max Weber llamó el “romanticismo de los números” fué la consecuencia natural de este interés. Al llevar la cuenta del tiempo, al comerciar y al guerrear los hombres barajaban números; y finalmente, a medida que se generalizó la costumbre, sólo los números se tuvieron en cuenta.”

“…El desarrollo del capitalismo determinó nuevos hábitos de abstracción y de cálculo en las vidas de la gente de la ciudad: sólo los hombres y las mujeres de la campaña seguían viviendo sobre su base local, más primitiva, y en parte permanecían inmunes. El capitalismo desvió la atención de la gente de lo tangible a lo intangible: su símbolo, como lo observa Sombart, es el libro de cuentas: “el valor de la vida se encuentra en el cómputo de ganancias y pérdidas.

“…Mientras tanto, con la transformación de los conceptos de tiempo y espacio

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fue suplantado por el interés en el mundo natural”.

“…Nadie puede indicar cuándo la magia comenzó a convertirse en ciencia, ni cuándo el empirismo se transformó en experimentación sistemática o cuándo la alquimia fue suplantada por la química, ni tampoco cuándo cedió la astrología lugar a la astronomía; en pocas palabras, no es posible indicar cuándo dejó de ejercer su influencia negativa el deseo de obtener resultados y satisfacciones inmediatas.

“…La pérdida de tiempo llegó a ser para los predicadores religiosos protestantes, como Richard Baxter, uno de los pecados más odiosos. Perder el tiempo deleitándose en los placeres que procura la sociabilidad, o aun en el sueño, era una cosa reprensible”

“…La substitución de la historia por el tiempo mecánico, la del cuerpo viviente por el cadáver disecado, la de los grupos de hombres por unidades desmembradas llamadas “individuos”, o en general la del conjunto orgánico complicado e inaccesible por lo mecánicamente mensurable o reproducible, implica obtener un dominio práctico limitado a expensas de la verdad y de la mayor eficiencia que depende de la verdad.”

“La invención mecánica, aún más que la ciencia, fué la respuesta a la fe vacilante y a un impulso vital desfalleciente. Las serpeantes energías de los hombres, que habían corrido por prados y jardines, que se habían arrastrado por grutas y cavernas durante el Renacimiento, fueron transformadas por la invención en la carga hidrostática de una turbina; ya no centelleaban, refrescaban o deleitaban; ahora estaban sujetas a un propósito fijo y determinado: el de accionar ruedas y multiplicar la capacidad de la sociedad para ejecutar trabajos.”

“Los diversos elementos de una civilización nunca están en equilibrio completo; siempre existe un tira y afloje de fuerzas, y en particular existen cambios en la presión ejercida por las funciones destructoras de la vida y aquéllas que tienden a conservarla”.

Aun el siervo estaba amparado por la costumbre y la seguridad elemental de la tierra misma, en tanto que el minero y el forjador del hierro en el horno era un trabajador libre, o expresado en otras palabras, un trabajador no protegido: el precursor del asalariado miserable del siglo XIX. La industria más fundamental de la técnica de la máquina sólo conoció en un momento de su historia las sanciones, las protecciones y los sentimientos humanitarios del sistema corporativo: pasó casi directamente de la explotación inhumana del rebaño-esclavo a la explotación apenas menos inhumana de la esclavitud del asalariado. Y allí donde apareció, provocó la degradación del trabajador.”

“…El ataque continuado contra el medio ambiente del maderero ha determinado su expulsión a zonas más remotas: a los bosques de abedul y de abetos del norte de Rusia y de Escandinava, y a las Montañas Rocosas de América.”

PDF:       LEWIS MUMFORD. Tecnica ycivilización.

La ciudad en la historia – Lewis Mumford

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LA MEGAMÁQUINA

La máquina invisible

Como resultado de la invención de la máquina arquetípica, hace cinco mil años que se cumplieron tareas de ingeniería que rivalizan con las máximas realizaciones logradas después en cuanto a producción masiva, estandarización y minuciosidad.

Esta extraordinaria invención ha mostrado ser el primer modelo funcional de todas las complicadas máquinas que vinieron después. Aunque el énfasis del maquinismo fue trasladándose lentamente desde los actores humanos a los mecanismos inanimados, mucho más fáciles de manejar e inspiradores de más confianza.

Tal invento fue la suprema hazaña de la primitiva civilización: proeza tecnológica que sirvió de modelo a todas las formas posteriores de organización mecánica.

¿Por qué tan enorme mecanismo resultó invisible para los arqueólogos y los historiadores? Por la sencilla razón que ya figuraba en nuestra primera definición: porque se componía únicamente de partes humanas.

Denominar máquinas a estas entidades colectivas no es mero ni ocioso juego de palabras. Según la definición de Franz Reuleaux, una máquina es una combinación de partes resistentes, cada una de las cuales se especializa en una función y todas operan bajo el control humano, para utilizar la energía y realizar trabajos

Lo más difícil era organizar una multiforme colección de seres humanos, arrancados de sus familias, sus comunidades y sus ocupaciones habituales, y cada cual con su voluntad, o al menos su memoria de sí mismo, para convertirla en un grupo mecanizado que obedeciera órdenes y resultara manejable.

Faltaba para completar tan enorme mecanismo operativo y adaptarlo lo mismo a las tareas coercitivas que a las constructoras,  la invención de la escritura. La facultad de trasladar la palabra hablada al registro gráfico no sólo hizo posible el trasmitir a cualquier distancia los impulsos y órdenes del que mandaba, sino que también obligó a sus destinatarios a cumplir exactamente lo que se ordenaba con total precisión y constancia.

“El magistrado egipcio -observa Erman- sólo considera a sus gentes colectivamente, y el trabajador individual sólo existe para él en forma similar a como el soldado raso existe para los principales jefes de nuestros ejércitos”. Tal fue el modelo original de la máquina arquetípica, y nunca se alteró radicalmente.  La amplia división del trabajo entre funciones y oficios (a la que estamos acostumbrados en nuestros ejércitos) se aplicaba análogamente en los primeros tiempos a las tareas más especializadas del trabajo.

Tanto la máquina militar como la de trabajo lograron niveles de eficiencia como nunca se habían conseguido hasta entonces; pero en vez de liberar al hombre de la dura carga del trabajo bruto, aquella megamáquina real se enorgullecía de abrumarlo y esclavizarlo.

Si se hubiesen mantenido los modos puramente humanos de trabajo, que los hombres emprendían voluntariamente para cumplir sus necesidades inmediatas, probablemente habrían sido inconcebibles las colosales obras de las antiguas civilizaciones

Era evidente que ninguna mano de hombre, ningún esfuerzo humano ni clase alguna de colaboración humana, como la que solía usarse en construir aldeas o cultivar los campos, hubiera sido capaz de reunir y alistar esta fuerza sobrehumana, ni habría logrado sus resultados casi sobrenaturales, sólo un rey “divino” podía exigir tales actos masivos de acatamiento y esfuerzo colectivo

El rey o, más bien, la monarquía, era el primer motor; y a su vez, los éxitos deslumbradores que se consiguieron en tales empresas confirmaron y revalidaron ese poder.

Dos artificios eran esenciales para conseguir que la máquina funcionara: la organización segura del conocimiento, y una estructura bien elaborada para dar órdenes

El primero de esos artificios se había logrado con el clero pues sin la activa colaboración de los sacerdotes, la monarquía ni habría llegado a existir; el segundo se realizó en la burocracia.

Tal condición sigue siendo válida en nuestros días.

Anotaciones de Lewis Mumford Libro

Lo que ahora llamamos ciencia, fue parte integral de la megamáquina desde sus comienzos. Tal conocimiento ordenado, que se basaba en las regularidades cósmicas, floreció (como hemos visto) con el culto del Sol.

Ningún rey podría moverse con seguridad ni eficiencia sin el apoyo de tal “conocimiento superior”, como tampoco el Pentágono puede actuar hoy sin consultar a sus científicos especializados.

Para ser efectivo, tal conocimiento debía ser secreto; y así lo era,

Imaginarse que la burocracia es una institución relativamente reciente equivale a ignorar los anales de la historia antigua. Los primeros documentos que atestiguan la existencia de la burocracia pertenecen a la Era de las Pirámides.

Una burocracia,la división del trabajo y la especialización de funciones eran indispensables, y que ya estaban actuando en pro de la mayor eficiencia mecánica operativa.

La máxima romana de que la Ley no se aplica a cuestiones triviales, es válida igualmente para la megamáquina.

la rígida forma de control que manifestó en aquella gran máquina colectiva, ha continuado adscripta hasta nuestros días a las grandes empresas masivas y a operaciones en gran escala.

. La burocracia era, de hecho, la “máquina invisible”, a la que podríamos llamar también “máquina de comunicaciones”, y que coexistía con la “máquina militar” y la “máquina de trabajo”, para formar, entre las tres, la gran estructura totalitaria monárquica.

Esa regimentación burocrática fue parte de una regimentación mucho más amplia de todo aquel vivir, que había sido introducida por tal cultura, centrada y afirmada en la fuerza.

Su aburridora repetición de fórmulas,  su colosal capacidad para soportar tanta monotonía: capacidad que anticipa el súmmum del aburrimiento universal que hemos alcanzado en nuestros propios tiempos.

Ninguna de las fantasías destructoras que se han posesionado de los líderes de nuestros tiempos, fueron extrañas a las mentes de aquellos fundadores “divinos” de la primera civilización maquinista, pues con cada crecimiento del poder, brotaban de sus subconsciencias los impulsos más sádicos y extravagantes.

La otra gran prerrogativa de esta técnica real es la velocidad.

La construcción de rutas y canales, que era el principal medio de acelerar los transportes, ha sido, a través de toda la historia, la forma favorita de las obras públicas de los reyes.

Sólo una economía de abundancia, en aquella época en que probablemente el valle del Nilo no albergaba más que cuatro o cinco millones de personas, pudo proporcionar el enorme drenaje de labor de unos cien mil hombres por año, a la vez que proveía de los correspondientes alimentos a quienes realizaban tan colosales obras y al resto de la población, pues tal uso del poder humano era el más estéril imaginable para el bienestar de la comunidad.

PDF:  La Megamáquina

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la megamáquina

“Entre los símbolos más poderosos empleados por Mumford alguna vez fue el de que el Pentágono, una metáfora que le permitió dar rienda suelta a algunas de sus preocupaciones más profundas sobre la incongruencia entre los problemas potenciales tecnológicos y sociales. El Pentágono – un potente símbolo del militarismo, el poder y la destrucción – representado por Mumford la obsesión moderna por megaestructuras ilógico y MegaPower. Mumford preocupados de que esta colosal estructura, la manifestación física de un complejo de poder, encapsulados una minoría tecnocrática que buscaba excluir a la información exterior que no se compadece con su propia visión utilitaria y objetivosLamentó la terrible ironía inherente de someter a un gran número de seres humanos por la capacidad de toma de decisiones de un número relativamente minúsculo de expertos tecnócratas, cuyo aislamiento y especialización, estrecha mira e incompetencia profesional y las consecuencias devienen potencialmente mortales.”  

http://www.uky.edu/Classes/PS/776/Projects/Mumford/mumford.html

Lewis Mumford escribió en 1946:  “Señores, están locos”   Es su respuesta a los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki

“Sobriamente, día tras día, los locos siguen haciendo movimientos sin desviarse de la locura:. Movimientos tan estereotipados, tan comunes, que parecen los movimientos normales de los hombres normales, no las acciones decididas de matar a una masa de gente sin  de ningún tipo de público mandato, los locos se han elegido a sí mismos para guiarnos por etapas graduales de ese acto final de locura que dañará la faz de la tierra y borrará las naciones de los hombres, posiblemente pondrá fin a toda forma de vida en el planeta sí mismo. ….
¿Por qué dejamos a los locos seguir con su juego sin levantar la voz?¿Por qué seguimos con la calma cristalina en la cara ante  este peligro, existe una razón? : Estamos locos también.Consideramos la locura de nuestros dirigentes como si expresara una sabiduría tradicional y el sentido común: los vemos plácidamente, como un policía dopado puede ver con una mirada lasciva y tolerante vacía el robo de un banco o el asesinato de un niño con las manos vacías o el establecimiento de una máquina infernal en una estación de ferrocarril.

Nuestra falta de acción es la medida de nuestra locura.   Nos fijamos en los locos y pasan. ”

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2 comentarios on “LEWIS MUMFORD_ El reloj, no la máquina de vapor, es la máquina clave de la moderna edad industrial. ¿Por qué dejamos a los locos seguir con su juego sin levantar la voz?”

  1. jaime gracia dice:

    Es tiempo, aunque hay fuerzas en movimiento que son dificiles de dirigir, pues tienen su propia logica y dinamica, a veces independiente de lo que querramos.Se hace necesario organizarnos de una manera diferente, de establecer consenso en los territorios de vida de los ciudadanos,el estado hasta ahora no ha satisfecho dichos intereses convergentes y divergentes, sino que ha instrumentalizado ese poder de mediador para intereses de la clase dedicada a la politica,partidos.Se necesita un sistema que permita la transparencia total y la participacion mayoritaria de la ciudadania en las decisiones grandes,medianas y pequenas que impacte la vida de la gente.Munford queria un sistema en que la gente pudiera manifestar su humanidad con libertad y verdad.Un sistema de derechos,deberes,justicia y paz.Una sociedad como un cuerpo viviente, cuyos miembros se preocupan unos de otros.

    • dejenmevivir dice:

      Saludos jaime, gracias por detenerte en este lugar.
      El tiempo medido es a lo que se refiere Munford, según lo veo yo, a la posibilidad que se creó con el control de la vida humana fraccionada en horas y segundos, solo así se pudo poner precio a las horas de vida de cada cual, y hacer que la vida que hasta entonces transcurría con el ritmo de la naturaleza pasara a ser aquello que sucede en la actividad marcada y medida por el trabajo asalariado
      El reloj sería una pata imprescindible para construir el capitalismo
      El estado es el órgano de poder de la clase dominante y nunca puede atender las necesidades de la gente, su trabajo es controlar e imponer sus propias “necesidades”
      Sistema ya es lo que hay, no necesitamos de él, solo necesitamos desenvolver nuestras vidas dentro de una comunidad humana que tenga los mismos intereses entre sí. Pequeñas comunidades de creación y gestión de vida, conectadas con otras cercanas…


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