UNA VIDA SIN PRINCIPIOS Y DESOBEDIENCIA CIVIL _ Henry David Thoreau

Henry David Thoreau.

(Concord (Massachusetts), 12 de julio de 1817 – 6 de mayo de 1862). Escritor, poeta, filósofo anarquista .

PEQUEÑA ANTOLOGÍA

thoreau

UNA VIDA SIN PRINCIPIOS

El mayor elogio que me dedicaron en toda mi vida fue cuando alguien me preguntó qué opinaba y esperó mi respuesta. Cuando ocurre algo así me sorprendo, aunque por supuesto me agrada, ya que se hace un uso tan poco corriente de mí, que siento como si se me conociera y respetara.

Nunca parece interesar mi esencia, solo mi superficie.

Como yo no he viajado mucho, no hablaré sino de aquellos que están cerca de nosotros.

Consideremos el modo cómo pasamos el tiempo

Este mundo es un lugar de ajetreo, no hay domingos, me gustaría ver a la humanidad descansando por una vez, solo hay trabajo, trabajo y trabajo

Yo creo que no hay nada, ni tan siquiera el crimen, más opuesto a la poesía,  la filosofía y la vida misma que este incesante trabajar.

Si hago un trabajo pagado pero inútil, muchos me alabarán por ser un hombre trabajador y laborioso; pero si me dedico a otras faenas que me proporcionan más beneficio, aunque menos dinero, empezarán a mirarme como a un holgazán.

De todos modos, como no necesito una política de trabajo inútil para ordenar mi vida, y no veo en absoluto nada de encomio en que un individuo emprenda más negocios que el mismo gobierno, por muy divertido que les parezca a él o a ellos, yo prefiero terminar mi educación en una escuela diferente.

Si un hombre se pasea por el bosque por placer todos los días, corre el riesgo de que le tomen por un haragán. Pero si se dedica todo el día a cortar el bosque dejando la tierra árida, se le estima por ser un ciudadano trabajador y emprendedor.

Ante el trabajo inútil, aunque esté envuelto en una atmósfera de laboriosidad que a veces te hace lamentar no estar realizando un trabajo semejante, mirando por encima de ello ves que se desvanece la dignidad de tal trabajo y pienso que el sol luce cada mañana para alumbrar labores más provechosa que ésta.

Los caminos por los que se consigue dinero, casi sin excepción, nos empequeñecen.

Haber hecho algo por lo que tan solo se percibe dinero, es haber sido un auténtico holgazán o peor aún. Si no gana más que el sueldo, le están engañando o se engaña a sí mismo. Si ganaras dinero como escritor o artista, es porque eres popular, lo cual implica un descenso perpendicular.

Se te paga para que seas menos que un hombre. Normalmente el Estado no recompensa a un genio con mayor benignidad.

El propósito del obrero debiera ser, no el ganarse la vida o “conseguir un buen trabajo”; sino realizar bien un determinado trabajo y esto debería de estar bien pagado.

Confucio: La grandeza no se acerca al que siempre mira al suelo; y todos los que miran a lo alto, se están empobreciendo.

Es sorprendente que haya tan poco o nada escrito, sobre el tema de ganarse la vida; cómo hacer del ganarse la vida no solo algo valioso y honorable, sino también algo apetecible y glorioso, porque si ganarse la vida no es de ese modo, esto no sería vivir. Cualquiera pensaría, revisando la literatura, que esta cuestión no turbó jamás los pensamientos de un solo individuo. ¿Sucede acaso que la experiencia de los hombres es tan desagradable que no quieren hablar de ella?

Walden, réplica de la cabaña de Thoureau

En cuanto a los medios de ganarse la vida, es maravilloso lo indiferentes que se muestran los hombres de todas las clases. Yo creo que la sociedad no ha hecho nada por nosotros en este aspectos y encima  ha deshecho lo que habíamos conseguido.

El adjetivo sabio está, por lo general, mal aplicado. ¿Cómo puede ser sabio quien no sabe mejor que otros cómo se ha de vivir? ¿No será acaso solo más astuto o más sutil?

¿Existe algún tipo de sabiduría que no se aplique a la vida?

Las formas con las que la mayoría se gana la vida, es decir, viven, son auténticas tapaderas, y un evitar el auténtico quehacer de la vida, y sucede así porque en primer lugar no saben; pero en parte también porque no quieren aprender a hacer algo mejor

Negocios:

Tantos esperan vivir de la suerte y así tener el modo de encargar el trabajo a otros menos afortunados que ellos, y todo ello sin aportar nada a la sociedad.

No conozco desarrollo más sorprendente de la inmoralidad que en el comercio y en los demás procedimientos habituales para ganarse la vida. La filosofía, la poesía y la religión de semejante humanidad, no merece ni el polvo de un bejín.

Dios entregó al hombre honrado un certificado capacitándolo para alimentarse y vestirse, pero el hombre malvado encontró un facsímil del mismo, se apropió de él, y obtuvo alimento y vestido como el primero. Es uno de los sistemas de falsificación más extendidos que conoce el mundo.

No es suficiente que me digas que trabajaste mucho para conseguir tu oro. También el diablo trabaja intensamente. El camino de la transgresión puede ser difícil de muchas maneras. El oro obtenido de ese modo no es igual que el sueldo de un trabajador honrado. Pero en la práctica, solo se percibe el hecho, no el principio, y se entra en esa dinámica. Hombres convertidos en demonios, y sin respetar los derechos de los demás en su sed de riqueza.

Pienso ahora en mi propia vida que me resulta tan poco satisfactoria, haciendo lo mismo que otros muchos.

Buscar oro en mi mina interior, no importa que el sendero sea estrecho, tenebroso y solitario, debo seguir mi propio camino donde caminar con amor y respeto. Allí donde el hombre se separa de la multitud y sigue su propio camino, allí sin duda hay una bifurcación, aunque los viajeros solo vean un boquete en la empalizada.

Su sendero solitario a campo a través resultará el mejor camino de los dos.

El oro hay que buscarlo justo en sentido opuesto de donde se encuentra.

La mal ganada riqueza, dejadlos que la arrastren a donde quieran; yo creo que el lugar donde vivan será siempre el “llano del imbécil “sino el “vado del asesino”.

Es sorprendente que de entre todos los predicadores haya tan pocos maestros de la Moral.

El mejor consejo que oyes sobre estos temas es rastrero: No merece la pena emprender una reforma del mundo en ese particular.

No preguntes cómo se consigue la mantequilla para tu pan, se te revolvería el estómago al enterarte.

Le sería mejor a un hombre morir de hambre que perder la inocencia en el proceso para conseguir su pan. Si dentro del hombre sofisticado no hay otro ingenuo, entonces se trata sin duda de uno de los ángeles del diablo.

Al hacernos viejos, vivimos con menos rigidez, nos relajamos un poco de la disciplina y de algún modo dejamos de obedecer a nuestros instintos más puros. Pero debíamos de ser escrupulosos hasta el extremo de la cordura, despreciando la mofa de aquellos que son  menos afortunados que nosotros.

Incluso en nuestra ciencia y nuestra y filosofía, no existe por lo general una sola verdad objetiva de las cosas. El espíritu de secta y la intolerancia ha puesto sus pezuñas en las estrellas Ninguna revista de importancia se atrevería a publicar las opiniones de un niño sobre cuestiones importantes, sin hacer algún comentario Todo debe someterse a los doctores en teología. Yo preferiría que lo sometieran a la opinión de los arrapiezos.

Uno vuelve del funeral de la humanidad para asistir a un fenómeno natural.

Una pequeña idea entierra a todo el mundo.

No conozco a casi ningún intelectual tan abierta y auténticamente liberal, que se pueda hablar con libertad en su presencia. La mayoría tiene un punto de vista particular y no universal.

¡Yo os digo, quitad de en medio vuestras telarañas, limpiad vuestras ventanas!

Para ser imparcial, los mejores hombres que conozco, no están tranquilos, no son un mundo en sí mismos. En general se preocupan de los modales y adulan y estudian las situaciones con más perspicacia que el resto. No nos asentamos sobre un entramado de verdad granítico, la más elemental roca primitiva. Nuestras vigas están podridas. La culpa es mutua, porque no nos exigimos más los unos a los otros.

Vacía e ineficaz es también nuestra conversación cotidiana, Lo superficial lleva a lo superficial. Cuando nuestra vida deja de ser íntima y privada, nuestra conversación degenera en simple cotilleo. En la misma medida que nuestra vida interior fracasa, vamos con más constancia y desesperación a la oficina de correos. Seguro que el orgulloso de su abultada correspondencia, no ha sabido nada de sí mismo desde hace tiempo.

Yo creo que leer un periódico a la semana es demasiado. Lo he intentado recientemente y me parecía que todo ese tiempo no había vivido en mi región natal. El sol, las nubes, la nieve, los árboles, no me dicen tanto.

No puedes servir a dos amos. Requiere más de un día de atención conocer y poseer el valor de un día.

Podemos, con razón, avergonzarnos de decir las cosas que hemos leído y oído. Las noticias no son, en su mayoría interesantes. Son repeticiones vacías. Deberíamos librarnos de tales noticias. No vivimos para divertirnos estúpidamente. Yo no correría a la vuelta de esquina para ver el mundo explotar.

Henry_David_Thoreau

Si tenéis la suerte de existir, de vivir y moveros dentro de ese estrecho ámbito donde se filtran los acontecimientos que constituyen las noticias-un ámbito más estrecho que la fibra del papel en el que se imprimen-entonces estas cosas llenarán vuestro mundo, pero si os eleváis por encima de ese plano u os sumergís muy por debajo de él, ya no las recordareis más, ni ellas a vosotros. La realidad es que ver salir el sol cada  día, participar de ese modo en el curso del universo os conservará sanos para siempre.

Naciones ¿Qué son las naciones? El historiador lucha en vano por hacerlas memorables. Hay muchos hombres pero ni uno solo que lo

sea auténticamente. Son los individuos los que pueblan el mundo.

Desde las alturas miro a las naciones

y observo cómo se convierten en cenizas;

mi vivienda en las nubes es tranquila,

son placenteros los grandes campos de mi descanso. .

Os lo ruego dejadnos vivir si ser arrastrados por perros, como hacen los esquimales, cruzando a través de colinas y valles, y mordiéndose las orejas unos a otros.

No sin un leve temblor de miedo, me doy cuenta de la facilidad con la que mi mente admite los detalles de cualquier asunto trivial, las noticias de la calle, y me asusta observar con qué facilidad la gente abarrota sus mentes con tales basuras y deja que se introduzcan en un terreno que debiera ser sagrado para el pensamiento. Es importante conservar la castidad de mente a este respecto.

Evita con todo tipo de trampas y señales, amenazando con el peor castigo divino, que alguien profane ese terreno que para ti es sagrado. ¡Es tan difícil olvidar todo eso que es inútil guardar en la memoria! Si tengo que ser un camino prefiero serlo por torrentes, por arroyos del Parnaso, que por alcantarillas de una ciudad. El criterio del que escucha es el que debe determinar qué oír y qué no. Yo creo que la mente se puede profanar permanentemente con el hábito de escuchar cosas triviales, de modo que todos nuestros pensamientos se teñirán de trivialidad.

Si nos hemos profanado a nosotros mismos-y quién no-el remedio será la cautela y la devoción, para volver a consagrarnos y convertir nuestras mentes de nuevo en santuarios.

Ser nuestros propios guardianes y tener cuidado de prestar atención solo a los objetos y a los temas que merezcan la pena. Los convencionalismos son a la larga tan malos como la mezquindad. Incluso los datos científicos pueden manchar la mente con su aridez, a menos que os la limpiéis y la fertilicéis con el rocío de la verdad fresca y viva.

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La sabiduría no llega hasta nosotros por los detalles, sino a través de rayos de luz procedentes del cielo.

Ahora que la res-publica está constituida, es hora de buscar la res-privada, para que los asuntos privados no sufran deterioro alguno.

¿Qué supone ser libres respecto al rey George y seguir siendo esclavos del rey Prejuicio? ¿Qué sentido tiene nacer  libres y no vivir libres? ¿Alardeamos de la libertad de ser esclavos o de la libertad de ser libres?

Nos sometemos a impuestos injustos. Hay grupos de entre nosotros que no están representados. Son impuestos sin representación.

No adoramos la verdad, sino el reflejo de la verdad; porque estamos pervertidos y limitados por una devoción exclusiva al negocio y al comercio y a las fábricas y a la agricultura y cosas semejantes, que son sólo medios y no fines.

El hombre que se empeña en mostrarme sus buenos modales, actúa como si se empeñara en mostrarme el cuarto de sus colecciones, cuando lo que yo quería era verle a él.

Hay algunos que todavía se consideran estadistas y filósofos, están tan ciegos que piensan que el progreso y la civilización dependen del intercambio y actividad comercial con países lejanos.

En el Amazonas dicen que falta”una población laboriosa que conozca las comodidades de la vida y que tenga necesidades Artificiales que les induzcan a extraer del país sus múltiples recurso naturales”.

Desarrollan los “grandes recursos” de la Naturaleza le exige a explotarlos por encima de sus posibilidades, porque desde luego, el hombre se mueve con el curso natural de las cosas.

En resumen, así como se forma el ventisco cuando cesa el viento, así mismo cuando cesa la verdad, florece la institución. Pero la verdad sigue soplando por las alturas y al final acaba por destruirla.

Eso llamado política, es algo tan superficial y poco humano, que en la práctica nunca he reconocido que me interesara. Los periódicos dedican diariamente varias columnas a la política y a los asuntos del gobierno, y esto, diría yo, es lo que los salva.

Pero como yo amo la literatura y en cierto modo también la verdad, no leo nunca esas columnas. No quiero embotar hasta ese punto mi sentido de la justicia.

Los periódicos son el poder dominante.

Las cosas que más acaparan la atención de los hombres, como la política y la vida diaria son realmente funciones vitales para la sociedad humana, pero deberían realizarse inconscientemente como sucede con las correspondientes funciones del cuerpo físico. Son infrahumanas, una especie de vegetación. A veces me despierto en una semiinconsciencia y las noto funcionar. Nuestra vida no es únicamente un olvidar, sino también, en gran medida, un recordar aquello de lo que nunca debimos ser conscientes, al menos no en nuestras horas de vigilia. ¿Por qué no nos reunimos alguna vez, no para contarnos nuestros malos sueños, sino para congratularnos mutuamente por el glorioso amanecer de cada día?

DESOBEDIENCIA CIVIL

Sobre el deber de la desobediencia civil.

thoureau

Acepto de todo corazón la máxima: “El mejor gobierno es el que gobierna menos”. Y  me gustaría verlo puesto en práctica de un modo más rápido y sistemático. Pero al cumplirla resulta, y así lo creo, que”el mejor gobierno es el que no gobierna en absoluto”; y cuando los hombres estén preparados para él ese será el tipo de gobierno que tendrán.

Las objeciones que se le han puesto al ejército permanente, pueden servir también para el gobierno como institución. El ejército permanente es tan solo un brazo de ese gobierno.

El gobierno, que es solo un medio que ha elegido el pueblo pera ejecutar su voluntad, por sí mismo es susceptible de originar abusos y perjuicios antes de que el pueblo pueda intervenir. Es una especie de fusil de madera para el pueblo mismo. Sin embargo, no es por ello menos necesario; el pueblo ha de tener alguna que otra complicada maquinaria y oír su sonido para satisfacer así su idea de gobierno. De este modo los gobiernos evidencian cuán fácilmente se puede instrumental izar a los hombres, o los hombres a él, en beneficio propio.

Pero, para hablar con sentido práctico y como ciudadano, a diferencia de los que se autodenominan contrarios a la existencia de un gobierno, solicito, un mejor gobierno de inmediato. Dejemos que cada hombre manifieste qué tipo de gobierno tendría su confianza, y ése sería un primer paso en su consecución.

Después de todo, la auténtica razón de que cuando el poder está en manos del pueblo, la mayoría acceda a él y se mantenga por un largo periodo, no es porque posea la verdad ni porque la minoría lo considere más justo sino porque físicamente son más fuertes.

Pero un gobierno en el que la mayoría decida en todos los temas, no puede gobernar con justicia. ¿Debe el ciudadano someter su conciencia al legislador por un solo instante, aunque sea en la más mínima medida? ¿Entonces, para qué tiene el hombre su conciencia? Yo creo que deberíamos de ser hombres primero y ciudadanos después.

Lo deseable no es cultivar el respeto por la ley, sino por la justicia. La única obligación que tengo derecho a asumir es la de hacer en cada momento lo que crea justo.

Se ha dicho con razón que una sociedad mercantil no tiene conciencia; pero una sociedad formada por hombres con conciencia es una sociedad con conciencia.

De este modo la masa sirve al Estado no como hombres sino básicamente como máquinas, con sus cuerpos. En la mayoría de los casos no ejercitan con libertad ni la crítica ni el sentido moral, sino que se igualan a la maderas y a la tierra y a las piedras e incluso se podrían fabricar hombres de madera que hicieran el mismo servicio. Tales individuos no infunden más respeto que los hombres de paja o los terrones de arcilla. Otros sirven al Estado fundamentalmente con sus cabezas, y como casi nunca hacen distinciones morales, son capaces de servir sin pretenderlo tanto al diablo como a dios. Unos pocos sirven al Estado además con sus conciencias, y por tanto, las más veces se enfrentan a él y, a menudo se les trata como a enemigos.

Soy de estirpe demasiado elevada para convertirme en esclavo,

en un subalterno sometido a tutela, en un servidor dócil,

en instrumento de cualquier Estado soberano del mundo.    (Shakespeare, El rey Juan).

Al que se entrega por entero a los demás, se le toma por un inútil y un egoísta, pero el que se entrega solamente en parte se le considera un benefactor y un filántropo.

Todos los hombres reconocen el derecho a la revolución, es decir, el derecho a negar su lealtad y oponerse al gobierno cuando su tiranía o ineficacia son desmesuradas o insoportables.

Yo no me enfrento a enemigos lejanos, sino a los que cerca de casa cooperan con ellos y los apoyan y sin los cuales estos últimos serían inofensivos. Estamos acostumbrados a decir que las masas no están preparadas pero el progreso es lento porque la minoría no es mejor más prudente que la mayoría. Muchos dudan y se lamentan y a veces redactan escritos, pero no hacen nada serio o eficaz. Esperan con la mejor disposición a que otros remedien el mal para dejar de lamentarse.

Por cada hombre virtuoso hay novecientos noventa y nueve que alardean de serlo, y es más fácil tratar con el auténtico poseedor de una cosa que con los que pretenden tenerla.

Aunque deposite el voto que creo más acertado, no estoy muy convencido de que eso deba prevalecer, puesto que estoy dispuesto a dejarlo en manos de la mayoría. Su obligación, por tanto, nunca excede el nivel de lo conveniente. Incluso votar por lo justo, no es hacer nada por ello; solo es expresar débilmente un deseo de que la justicia deba prevalecer. Un hombre no dejará lo justo en manos del azar.

Hay muy poca virtud en la acción de las masas. Cuando la mayoría vote al fin la abolición de la esclavitud, será porque les es indiferente la esclavitud, o por que sea tan escasa que no merezca la pena mantenerla. Para entonces ellos serán los únicos esclavos.

¡Loado sea el hombre auténtico, que, como dice mi vecino, tiene un hueso en la espalda que no le permite doblegarse!.

Por supuesto, no es un deber del hombre dedicarse a erradicar el mal, por monstruoso que sea, poro sí es su deber al menos, lavarse las manos de él y si no va a preocuparse más de él, que al menos en la práctica no le dé su apoyo.

Si me entrego a otros fines y consideraciones, antes de dedicarme a ello debo, como mínimo, asegurarme de que no estoy pisando a otros hombres. Ante todo debo permitir que también los demás puedan realizar sus propósitos.

Facilitas un sustituto que hace las cosas, directamente con tu propia lealtad e indirectamente con tu dinero. Así con el pretexto del orden y del gobierno civil, se nos hace honrar y alabar nuestra propia vileza. Tras la primera vergüenza surge la indiferencia y lo Inmoral se convierte, como si dijéramos, en Amoral y no del todo innecesario en la vida que nos hemos forjado.

El mayor error y el más extendido exigen la virtud más desinteresada. Los que sin estar de acuerdo con la naturaleza y las medidas del gobierno, le entregan su lealtad y su apoyo son, sin duda, sus seguidores más conscientes, y por tanto suelen ser el mayor obstáculo para su reforma.

¿Cómo puede estar satisfecho un hombre por el mero hecho de tener una opinión y quedarse tranquilo con ella?

John Knox: “Un hombre con la razón de su parte siempre está en mayoría”.

Tan solo una vez al año me enfrento directamente cara a cara con este gobierno americano, o su representante, el gobierno del Estado en la persona de su recaudador de impuestos. Y el modo más simple y efectivo y hasta el único posible de tratarlo en el actual estado de cosas, de expresar mi poca satisfacción y mi poco amor por él, es rechazarlo. Mi convecino civil, el recaudador de impuesto, es el único hombre con el que tengo que tratar, porque al fin y al cabo, yo no peleo con papeles, sino con personas y ha elegido voluntariamente ser agente del gobierno. Se le obliga a decidir si tratarme como  a su honrado vecino o como a un maníaco que perturba la paz.

Bajo un gobierno que encarcela injustamente, el lugar que debe ocupar el justo es también la prisión. Lugar separado, pero más libre y honorable, donde el Estado sitúa a los que no están con él, sino contra él.

Una minoría no tiene ningún poder si se aviene a la voluntad de la mayoría, en este caso no es ni una minoría. Pero cuando se opone con todas sus fuerzas es imparable.

Si mil hombrees dejan de pagar sus impuestos, tal medida no sería ni violenta, ni cruel, mientras que si los pagan, se capacita al Estado a cometer actos de violencia y a derramar la sangre de los inocentes. Esta es la definición de la revolución no violenta, si tal cosa es posible.

Si el recaudador o cualquiera otro funcionario público, quiere colaborar de verdad, solo ha de renunciar a su cargo. Una vez que el súbdito ha retirado su lealtad y el funcionario abandonado su cargo, la revolución está conseguida. Incluso si hay derramamiento de sangre ¿Acaso no hay un tipo de derramamiento de sangre cuando se hiere la conciencia? Por esa herida se vierte la auténtica humanidad e inmortalidad del hombre y su hemorragia ocasiona ríos de sangre.

El encarcelamiento y la incautación de los bienes del objetor cumplen los mismos fines, porque aquellos que afirman la justicia más limpia y por tanto, los más peligrosos para un estado corrompido, no suelen haber dedicado mucho tiempo a acumular riquezas. A estos tales el Estado les presta un servicio relativamente pequeño y el mínimo impuesto suele parecerles exagerado, en especial si tienen que ganarlo con el sudor de su frente. Si hubiera alguien que viviera sin usar dinero en absoluto, el Estado mismo dudaría en reclamárselo. Pero los ricos están siempre vendidos a la institución que les hace ricos.

Hablando en términos absolutos, a mayor riqueza menor virtud.

Porque el dinero vincula al hombre con sus bienes y le permite conseguirlos y, desde luego, la obtención de ese dinero en sí mismo no constituye ninguna gran virtud.

El dinero acalla muchas preguntas que de otra manera tendría que contestar.

De este modo sus principios morales se derrumban a sus pies. Las posibilidades de una vida plena disminuyen en la misma proporción en que se incrementan lo que se ha dado en llamar “los medios de fortuna”

Cuando hablo con el más independiente de mis conciudadanos, me doy cuenta de que diga lo que diga a cerca de la magnitud y seriedad del problema, y su interés para la tranquilidad pública, en última instancia no puede prescindir del gobierno actual, y teme las consecuencias que la desobediencia pudiera acarrear a sus bienes y a su familia.

Por mi parte no me gustaría pensar que algún día voy a depender de la protección del Estado.

Si rechazo la autoridad del Estado y no pago impuestos, pronto se apoderará de lo mío y gastará mis bienes y nos hostigará interminablemente a mí y a mis hijos. Esto es duro; y hace que sea imposible vivir con honradez y al mismo tiempo con comodidad en la vida material.

No merece la pena acumular bienes. Es mejor cultivar una pequeña cosecha y consumirla cuanto antes.

Se debe vivir independiente, sin depender más que de uno mismo, siempre dispuesto y preparado para volver a empezar y sin implicarse en muchos negocios.

<<Sepan todos por la presente, que yo, Henry Thoreau, no deseo ser considerado miembro de ninguna sociedad legalmente constituida, en la que no me haya inscrito personalmente>>.

El Estado nunca se enfrenta voluntariamente con la conciencia intelectual o moral de un hombre sino con su cuerpo, con sus sentidos. No se arma de honradez o de inteligencia, sino que recurre a la simple fuerza física.

Yo no he nacido para ser violentado. Seguiré mi propio camino. Veremos quién es más fuerte. ¿Qué fuerza tiene la multitud? Solo pueden obligarme aquellos que obedecen alguna ley superior a la mía. Me obligan a ser como ellos. Yo no oigo que a los hombres les obliguen a vivir de tal o cual manera las masas. ¿Qué vida sería esa?

Yo no soy responsable del buen funcionamiento de la máquina de la sociedad. Si el gobierno me dice: la bolsa o la vida, no puedo hacer nada por él, debe salvarse a sí mismo, como hago yo.

Observo que cuando una bellota y una castaña caen una al lado de la otra, una no permanece inerte para dejar espacio a las otra, sino que ambas obedecen sus propias leyes y brotan y crecen y florecen lo mejor que pueden, hasta que una acaso ensombrece y destruye a la otra. Si una planta no puede vivir conforme a su naturaleza muere y lo mismo le sucede al hombre.

Desde la prisión, vi la ciudad desde un punto de vista nuevo, estaba absolutamente dentro de una de sus instituciones, empezaba a comprender de verdad a sus habitantes. Cuando salí, el Estado en el que vivía se me  presentaba con mayor nitidez. Vi hasta qué punto podía confiar como vecinos o amigos en la gente con la que vivía, vi que su Amistad era de poco fiar, que no se proponían hacer el bien. Eran de una raza distinta de la mía por sus prejuicios y supersticiones, en sus sacrificios por la humanidad, no corren  riesgo alguno y tampoco sus bienes. Después de todo no eran tan nobles y trataban al ladrón como les había tratado a ellos; y esperaban salvar sus almas mediante la observancia de ciertas costumbres y caminando de vez  en cuando por senderos rectos pero inútiles.

Nunca me he negado a pagar el impuesto de carreteras porque tan deseoso estoy de ser un buen vecino, como de ser un mal súbdito; y respecto del mantenimiento de las escuelas, estoy contribuyendo ahora a la educación de mis compatriotas.

No me niego a pagar impuestos por alguna razón en concreto; simplemente deseo negarle mi lealtad al Estado, retirarme y mantenerme al margen. No me importaría conocer el destino de mi dinero-el dinero es inocente-pero me interesaría conocer las consecuencias que tendría mi lealtad.

A mi modo, en silencio, le declaro la guerra al Estado, aunque todavía haré todo el uso de él y le sacaré todo el provecho que pueda, como suele hacerse en estos casos.

Esta es mi postura en estos momentos, pero en estos casos hay que estar muy en guardia para no actuar llevado por la obstinación o por un indebido respeto a la opinión del prójimo.

Si me pudiese convencer a mí mismo de que tengo el más mínimo derecho a sentirme satisfecho de los hombres tal como son, y tratarlos en consecuencia, y no, en cierto sentido según mi convicción y mi esperanza de cómo ellos y yo deberíamos ser, entonces, me las arreglaría para quedarme tranquilo con las cosas tal y como son.

No tengo interés en discutir con ningún hombre o nación. Busco en cambio, una excusa para dar mi conformidad a las leyes de este país.

Desde cierto punto de vista, Constitución, leyes y tribunales, e incluso el Estado, son admirables, como lo ha descrito mucha gente, pero si elevamos nuestro punto de vista, en realidad, no serían más que como los he descrito yo; y si nos elevamos aún  más, es posible que no merezca la pena observarlos y pensar en ellos.

El gobierno no me preocupa demasiado y voy a pensar muy poco en él. No son muchas las ocasiones en que me afecta directamente, ni siquiera en este mundo en que vivimos.

Si un  hombre piensa con libertad, sueña con libertad e imagina con libertad nunca le va a parecer que es aquello que no es.

Ante todo debo permitir que también los demás puedan realizar sus propósitos.

Hablan de cambiar la sociedad, pero no se sienten cómodos fuera de ella. Suelen olvidar que al mundo no lo gobiernan ni la política ni la conveniencia.

Quienes no conocen otras fuentes de verdad más pura, quienes no han seguido su curso hasta sus orígenes, están del lado de la biblia y la Constitución, y beben de ellas con reverencia y humildad. Pero aquellos que van más allá y buscan el origen del agua  que gotea sobre el lago o la charca, se ciñen los lomos una vez más y siguen su peregrinación en busca del manantial.

La autoridad del gobierno aún aquella a la que estoy dispuesto a someterme, es todavía muy impura. No puede ejercer más derecho sobre mi persona y propiedad que el que yo le conceda.

¿Una democracia, tal como la entendemos, es el último logro posible en materia de gobiernos? ¿No es posible dar un paso adelante tendente a reconocer y organizar los derechos del hombre?

Un Estado libre y culto, que reconozca al individuo como un poder superior e independiente del que se deriva su propio poder y autoridad y le trate en consecuencia. Que no juzgue contrario a su propia estabilidad el que haya personas que vivan fuera de él, sin interferir con él ni acogerse a él, tan solo cumpliendo con sus deberes de vecino y amigo.

Un Estado que diera este fruto y permitiera a sus ciudadanos desligarse de él al lograr la madurez, prepararía el camino para otro Estado más perfecto y glorioso aún, el cual también imagino a veces, pero todavía no he vislumbrado por ninguna parte.

Antología en pdf   Thoreau, Henry David – Pequeña Antologia

La vida en los bosques, df:   Thoreau, Henry David – Walden, la vida en los bosques

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2 comentarios on “UNA VIDA SIN PRINCIPIOS Y DESOBEDIENCIA CIVIL _ Henry David Thoreau”

  1. Es realmente thoreau el de la segunda foto? me refiero al joven…


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