artes

Lo que se empalma en un pedestal puede ser desempalmado

                                            A veces, incluso en una práctica política, surge el arte simbólico.

Son arte todas las cosas en la vida que se hacen “sin hacer”, sin un propósito más allá de la necesidad, el placer o la alegría son actividades creativas

Solo las actividades creativas son consonantes a  los afanes humanos y también a la presteza del resto de mamíferos, todo lo demás es hecho bajo el mandato de un cerebro amaestrado en la subyugación de la propia condición de ser humana, es fruto de la domesticación

Arte no son necesariamente las obras clasificadas como “Arte”, clasificación que sirve exclusivamente para poder mercantilizar las obras y convertirlas en “valores” y de paso para crear modelos sociales apropiados y convenientes para un tipo de vida determinado.

 Hablaremos pues de artes, eso que nos conecta con lo que somos y es susceptible de despertarnos y ubicarnos en una dimensión que nos produce bienestar, donde los para qué y los medios para fines idílicos no tienen lugar

Susurraremos pues de artes, eso que no  está sujeto a la escasez sino a la exuberancia, pues es la manera de ser de la naturaleza y por esencia, la nuestra también

Por eso la mayor parte del arte no la ha producido humano alguno, y la mayor parte del arte creado por humano es por supuesto anónimo, hace muy poco tiempo que rubrican artes que podemos hacer todos

 Consciente del sufrimiento de esos hombres y mujeres maltratad@s por no “ser capaces” de venderse, de ofrecer aquello que se les pedía y no aquello que eran, es un placer ir juntándol@s en este espacio imaginario

 Pero  hay sufrimiento añadido al hecho de ser mujer y recuerdo estas artistas que salieron casualmente a flote de entre todas las que no fueron reconocidas por nadie y por lo tanto maltratadas, tachadas de locas, inadaptadas o malas mujeres, fracasadas como mujeres

 Desgraciadamente, debido precisamente a la invisibilidad  de las mujeres en esta sociedad patriarcal, las obras de mujeres artistas han desaparecido o son de difícil acceso. Con la excepción de bordadoras, dibujitos o pinturas naturalistas o algún librito de manera, nunca apareció ninguna en las artes que cayeron en mis manos cuando era joven, fatalmente, pues saber de su existencia, me hubiera aliviado de una agobiante autoexigencia, de las dudas, complejos e inseguridades que suponía tener que medirme siempre con hombres que siempre contaban con cierta credibilidad simplemente por el hecho de ser hombres, y por lo tanto podían desarrollar sus actividades sin la exigencia a priori de desmarcarse del grupo ama de casa inútil, graciosa artistita o putita interesante. La exigencia a priori demostrar una seriedad y un valor, no obstante siempre cuestionados, sin margen para ejercitarse o tantear con cierta libertad



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